Hace dos meses desde que me puse mamá. Un amigo de una amiga encontró tres cachorritos abajo de un auto en la lluvia. (Los rescató y ya los tres tienen un hogar.) Mi amiga solo me mandó una foto y cuando dije al chavo que le alcanzaré en un par de días, me contestó que me los llevará a mi depa. Me enamoré con el negrito, el más animado, con partes iguales de curiosidad, cariño, y independencia. Una hora después escribí a mi amiga que iba a quedarse conmigo, y inmediatamente me sentía abrumada con toda la responsabilidad que significa para ser madre. Ella me dio mucho confort y consejos para criarle, con toda la confianza que lo haré super bien.
Ya puedo decir con certeza que nunca había amado alguien tan fuerte como siento hacía este perrito. Se nombré Chango Azul, por sus ojos azules, la orisha de Santería, y porque es muy juguetón. Los primeros días cuando todavía tenía gusanos, su energía estaba muy baja, que luego cambió totalmente para que no ya quiere siempre dormir una siesta en la hamaca conmigo.
Aunque no ha recibido todas sus vacunas, estaba muy ansiosa y emocionada mostrarle todos mis lugares favoritos. Un día, le llevé a la playa con algunos amigos, donde sonría muy grande para oler cosas nuevas y jugar en la arena. Estuvo un día bonito aparte de que empezaron algunas síntomas raras. Dos días después cuando le tocó su primera vacuna, no tomaba agua ni comía todo el día y comenzó a vomitar en la tarde, que seguía hasta la madrugada, cuando decidí a las 5am para iremos a una clínica porque ya tenía un estómago vacío y nada más estaba sacando ácidos. Una prueba confirmó que se contagió de parvovirus. El veterinario me dio la elección para llevarlo conmigo o metérselo en la clínica hasta que se recupere. Me explicó que no hay cura a esa enfermedad, solo les pudieron dar suero y antibióticos y esperar que él mismo tenía el poder y ganas de sanarse su mismo. La poca que investigué decía que parvovirus puede ser fatal a los cachorros.
Al final, le dejé allí, y salí llorando a la calle. Casi nunca he llorado en los últimos años, y solo con diez días estaba totalmente enamorada con este perrillo. Todo el día me faltó mucha concentración, y regresé dos veces a la clínica para visitarle y echarle porras. Aunque le noté muy débil, cuando me vea se movía la cola; le acerque para abrazarle y puso su pata en mi hombro. Era una de las cosas más difíciles en mi vida: mantener la fuerza y una vibra alta, a darle ánimos en esa sala con quizás ocho otros animales en su propia jaulita, cada uno conectado a una aguja echando líquidos. Cada vez parecía mejor, hasta la mañana siguiente cuando me permitieron traerle a la casa de nuevo.
Le prometí de cuidarle mejor que hacía, aunque no podemos saber si se lo infectó antes o después de conocernos. Me dijeron que no debería salir a la calle, ni ningún otro lado sin sus vacunas, pero nunca me comunicaron ni podría haber adivinado que podría haber muerto. Me sentía también culpable por una falta de paciencia que he tenido con él, ciertas veces cuando me había intentado morder mi mano, el tobillo, etc, y por la falta de descanso en general, cómo el primer mes me despertaba tres veces cada noche para salir al baño.
Esta experiencia me ha puesto a reflexionar sobre todas mis relaciones, y notar patrones que siguen, en cuales estoy trabajando, y los que ya no están, o que ya superé. Cómo me criaron los papás a través de los años y por una distancia de geografía grande, cómo han actuado y cómo son hoy en día con sus propias mascotas. Cuando los hablan con violencia, los animales iguales reaccionan muy fuerte a cualquier estímulo, o si el tono es algo suave, tal vez no aprenden ningún límite, ni tengan la confianza necesaria para navegar este mundo complicado. Todavía prefiero no pasar tanto tiempo en ninguno de los dos ambientes y bajo esas influencias impresionantes y pesadas. Estoy comienzo dar cuenta, este año especialmente, que no me ha servido continuar la comunicación con muchas personas que tocaban un gran rol en mi pasado. Ya que estoy intentando empezar algo diferente con mi vida en los años que vienen, se me ha antojado y buscado gente con una energía más distinta, amable, y cariñosa para apoyarme, y que yo también pueda apoyar.
Cada día me encuentro con aún más paciencia y capacidad del entendimiento que creía que tenga – por años, me he asociado equivocadamente con un enojo explosiva, que se relacionó más con mi situación que realmente era yo misma. Me da muchísimo gusto verme cada vez más lejos de esa clase de emociones y tipo frustraciones.
Siento que ya hemos llegado a un entendimiento muy profundo uno al otro, y un reconocimiento de los factores del presente, que nos da la oportunidad de superar los obstáculos de un pasado turbulento o violento y transformarnos, moviéndonos hacia un futuro más brillante.