03.26.22

Por tantos, demasiados años, vivía en un estado de miedo constante. Fue un mecanismo defensivo contra las condiciones bajo las cuáles crecía. Útil al tiempo, ahora me sirve más cómo un bloqueo para actuar desde un lugar auténtico. Cuando hay algo estresante, no importa la gravedad o tamaño del asunto, mi cuerpo lo interpreta como si fuera realmente en peligro, aunque ahorita es más que nada mental, y mi sistema nervioso exagerando la situación, basado en otras experiencias de años atrás. Se hace muy difícil quitar y realizar de nuevo un equilibrio para formar mis propios patrones más sanos.


Este invierno, experimenté varios ataques de pánico, por primera vez, o por lo menos que podía recordar. Preocupada, mi madrina me prestó y eventualmente me regaló una máquina que emite señales de electricidad al modo alpha, que ha probado efectiva con los veteranos después de que vuelven de la guerra y sentían el trastorno de estrés postraumático (PTSD). Funcionó para mí también, y me tranquilizó bastante desde un estado casi histérico a una base mucho más agradable y sostenible. 


Estos años pasados, me he enfocado mucho en terminar o cambiar, con mucho éxito, ciertos patrones de mi juventud. Desafortunadamente, en diciembre, me enfrenté a muchas circunstancias y pendientes pesados al mismo tiempo, que me causaron regresar a unas maneras de ser, que incorrectamente asumí estar quitadas para siempre. Ahorita, reconozco la necesidad de perdonarme aún más y estar aún más simpática conmigo durante la época corriente, recordando que el camino de curarnos no está siempre recto, y que a veces, baja mucho estrés, el cuerpo y la mente puedan devolver a nuestros patrones de la infancia, niñez, o adolescencia.

En este momento, deseo cuidarme lo mejor posible, con el reconocimiento de que mientras he sobrevivido mucho, todavía hay retos para superar, especialmente después de experimentar relaciones o situaciones tóxicas. A veces, lo mejor que podemos hacer es respirar e intentar relajarnos para que mañana sea mejor. 

Anoche, me llevé en una cita con mi diario, y una botella grande de agua al Paseo Montejo, para disfrutar una hookah y el aire fresco para reflexionar, escribir y despejar la mente. 100 de 100.