01.06.21

Tenemos solamente tanta energía: para cuidar a nosotros mismos y asegurar que las necesidades de los demás están abordado para que podamos apoyarlos dentro de varias situaciones. Hace dos meses, mi vecina me gritaba sobre las abejas. La asustan, y había puesto toda su energía al estar enojada sobre la posibilidad de estar picada.
Estuvo sin razón; sus palabras no dejaron algún espacio para que le diría que no le harían daño sin molestarlas. La cantidad de energía que gastó en su enojo me parecía muy desequilibrada.
¿Po qué desperdiciamos y escogemos perder nuestra energía en tal manera? Por tanto tiempo, había retenida fuerte a mi furia y ira, empujándolas hacía abajo. Después sentía arremetiendo contra cualquier detonante pequeño, desperdiciando mi energía preciosa en cosas que realmente no importan. Ahora reconozco cómo preferiría vivir sin tanto miedo y dedicar mi energía a otras cosas.
Situaciones y individuos varios me han puesto a prueba este invierno, desde algunas personas que imaginé estar mis amigos, a condiciones de vida siempre cambiando. Tenía que afirmar mis límites en respecta a mis cosas materiales, mi tiempo, y mi estado mental y espiritual.
Estoy aprendiendo a ser mi mejor defensora al mismo tiempo que se me pidió mostrar compasión a alguien que está pasando por un momento difícil, arremetiendo sobre la marcha. Yo había que practicar decir “no” una y otra vez. Con corazón roto y cansado por la pena causado de un amigo pasado, decido enfocar en el acto de librarme de cualquier y todas las malas influencias posibles.

Ahora, estoy tratando decir más y más un “si” emocionado.

Leave a Comment