Recuerdo una platica íntima con la instructora y dueña de un estudio de baile que tuve una vez en otra vida mía. Me dijo que las relaciones no deberían ser tan difíciles. Me contaba del principio en que conoció a su esposo. Fue un sentimiento de tranquilidad, que todo pasaría bien con él a su lado, y si surgiera algún problema o si alguna ola de nuevos problemas se derrumbara de arriba, podrían fijar a cualquiera posibilidad juntos. Me dio cuenta por esa conversación que algo era muy equivocado, desigual y afuera de equilibrio en mi vida pasada.
Pensaba de estas palabras recientemente, pero esta vez en relación de mi lugar geográfico, presente, y dónde exactamente me siento más en hogar. Todo este año pasado, Los Angeles no ha sido un angel. Mientras vivía aquí, mi alma ha desaparecido lentamente en mi búsqueda por trabajo. Dando toda la esperanza por alguna situación para pagar las cuentes, ganar experiencia, perseguir el sueño, la última meta todavía elusiva.
No debería tanto difícil. Sé bastante bien que me falta experiencia, siendo nueva al mundo profesional. Y al mismo tiempo, soy una persona muy decidida, inteligente, creativa, con licencia de una universidad buena. Hay muchas oportunidades en esta ciudad, sino también demasiado gente.
Y no soy muerto. Sueño de trabajar en mi especialidad de pasión-el medio ambiente. Estoy tratando de nadar por agua turbio, solo con el conocimiento de lo que quiero, luchando adelante sin dirección ni luz. Y aunque estoy frustrada con energía baja, al mismo tiempo lo veo un milagro que todavía estoy acá.